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Funerales-3: La despedida por jubilación.

Llega el ansiado (y temido) día de la jubilación. El nuevo jubilado se convierte en una especie de Rey Por Un Día, estrella protagonista de la fiesta organizada para despedirle de sus compañeros de trabajo.

A mitad de camino entre Estudiantes En Acción y El Entierro del Verano, la despedida consiste en un ritual, mitad festivo y mitad doloroso. Se juntan personas que se aprecian, pero también personas que se odian. Es el milagro del ahora ‘muerto’ para la vida laboral.

Las despedidas acercan a las personas. Unos y otros no se verían juntos si no fuera por la despedida, que obra el doble milagro de alabar y homenajear en vida al compañero y de juntar a gente que de otra manera no hubiera coincidido.

A mi me gustan los homenajes en vida. Al menos el homenajeado se entera de los elogios. Pero no me gustan tanto las despedidas. En los aeropuertos veréis a la gente en el primer piso despidiéndose con lágrimas y en silencio, y en la planta baja, tiempo después, a la misma gente alborozada y celebrando la vuelta.

Al día siguiente todo el mundo volverá a hacer las mismas cosas. Quiza corra el escalafón y alguien se alegre de por fin conseguir su objetivo profesional largamente esperado. Quizá contraten a algún párvulo, a alguien sin conocimientos pero que cobre la mitad o a un falso autónomo para ahorrarse además pagarle la Seguridad Social. Peor aún: pueden optar por externalizar el trabajo del jubilado. ¡Qué triste! Creer, aun por un momento que uno es imprescindible para ver que todo sigue sin su participación, que no es ni siquiera necesaria.

Por eso es útil la ceremonia en la que todos se vuelven conscientes de que a partir de mañana, las cosas van a ser distintas. La figura del que se va se magnifica y se recuerda lo que ha sido para pasar página y seguir adelante. Y el nuevo hombre ‘libre’, siempre que los nietos lo permitan, también pasa por el hito que marca su cambio de vida.

La fiesta de la jubilación es un juego, en el que entre elogios y recuerdos, todos se preparan para la otra gran despedida, la que vendrá con el protagonista ya cadáver. Es un juego inocente de aprendizaje. Las personas aprendemos jugando y eso no cambia con la edad. También es un momento para la reconciliación, como la que se practica en esa otra despedida definitiva.

 

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