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Juan Fueyo: ‘Viral’. Tercera ruta para la evolución y posible inicio de ‘todo’

‘Viral’ de Juan Fueyo nos enseña ‘casi todo’ de los virus, pero además y de regalo, nos muestra una tercera vía de la evolución. La primera sería la evolución del gen. La segunda la de la elección del gen. La tercera sería la de la simbiosis de una célula con un virus.

Me regalaron este bonito libro de Juan Fueyo, ‘Viral’ (Casa del Libro) y no he dejado de disfrutarlo hasta la última hoja. No quiero hacer spoiling del mismo y recomiendo a todos los interesados por el mundo microscópico que lo compren y lo lean, para conocer algo mejor cómo es ese mundo en que nada es como lo vemos en nuestro nivel de organización. No contaré entonces el libro, pero si la impresión que me ha causado y lo que me ha hecho pensar. Sin duda a cada uno le inspirará de distinta forma.

Viral en La Casa del Libro

Me interesan los virus como muestras elementales de seres entre la materia inerte y la vida, de la misma forma que me interesa la arqueología para conocer formas ancestrales de organización humana. Sabemos muy poco de estos seres y cualquier ayuda para comprenderlos se agradece. El texto que presento hoy es ideal para este fin, dado su magnífico estilo y claridad de exposición. Yo venía para enteder mejor los virus, pero además me he encontrado algo ‘de regalo’.

En efecto, de su lectura saco una conclusión, o al menos intuición, no menos interesante, relacionada con otras lecturas anteriores sobre el tema del origen de la vida y la evolución de las especies para formar este sorprendente y maravilloso mundo de nuestra biosfera. Me interesa el hecho de cómo una especie puede dar origen a otras especies y su relación con las que ya existen. La teoría de Darwin nos mostró una vía, la evolución de las especies, apartada de la creencia creacionista del momento, evolución que desde entonces es la corriente dominante en Biología. Pero a estas alturas, tras la lectura de ‘Viral’ yo veo al menos dos vías más por las que acaban surgiendo nuevas especies, o al menos individuos que se diferencian tanto de los ancestros que pueden ocupar nichos biológicos como dominantes y configuran su conducta o comportamiento en su entorno.

  • Primera vía: Los genes son ‘egoistas’ según Dawkins, (ya escribí un post sobre este autor y obra) y dan estabilidad y permanencia a la descendencia de los seres vivos, y también hacen que las especies evolucionen siguiendo el método de de prevalencia del más adaptado, mediante pequeñas mutaciones aleatorias, consolidando progresivamente los cambios en el ADN (Dawkins es un darwinista). Es el mundo del genotipo. En cuanto al comportamiento del ser vivo, yo creo que esta es solo una parte de la motivación de la conducta. Ni siquiera tiene en cuenta que los seres pluricelulares, al pertenecer a un nivel de organización superior al de la célula individual, tienen otras motivaciones de conducta que complementan las puramente genéticas.
  • Segunda vía: No perdamos de vista que existe la ruta de la elección de pareja en seres sexuados como un atajo que da preferencia a genes concretos de forma menos aleatoria, a la carta, por elección del fenotipo de la pareja, primando ciertas características sin esperar a que haya una mutación que las manifieste. El cortejo y elección de pareja según los gustos de los cónyuges es una forma de saltarse la evolución natural por vía genética, sin tener que estar esperando y esperando a que mutaciones producidas por rayos cósmicos o errores de transcripción del ADN, lleguen a existir para que haya una mejora significativa en la descendencia. Romeo y Julieta eligen esta vía (aunque les sale fatal). Quizá esta via, aunque en principio no creará nuevas especies, llegará a dar como resultado una selección genética más adaptada, que también se va consolidando en el ADN de los sucesores. Produce cambios palpables, sin necesidad de mutaciones: por ejemplo, los hijos de una pareja en la que los dos son muy altos, suelen ser muy altos. Veamos los tipos de la misma especie espectacularmente distintos obtenidos mediante la selección de razas de los cuidadores de mascotas.
  • Tercera via: Más drástica que las dos primeras, de intercambio y fusión de genes mediante virus, la que nos presenta Juan Fueyo en su libro ‘Viral’, aunque no sea la ‘melodía principal’ del texto, es una ruta fascinante, en que la irrupción de un virus en escena, que ‘llega a un acuerdo’, casi a un contrato, con la célula anfitriona, y configura una relación de simbiosis, produciendo cambios significativos en las proteinas que crea la maquinaria de replicación de esta célula anfitriona, puede que de lugar a cambios aun más interesantes en la descendencia.
Juan Fueyo en su laboratorio. Tomada de una entrevista en El Comercio.

Así que tendríamos otro método de creación de especies nuevas mediante la intervención de los virus. Ese intercambio ‘voluntario’ o al menos ‘no prohibido’ de genes mediante la irrupción de un virus en una célula viva estaría en el paso evolutivo primigenio y trascendental de células ‘procariotas’ (sin núcleo) a células ‘eucariotas’ (en las que el material genético principal se quedaría encerrado en un núcleo, a salvo de excesivas modificaciones posteriores, gobernando desde entonces la marcha de toda la célula).

No perdamos de vista que también los cloroplastos de las células vegetales y las mitocondrias de las células animales deben ser el resultado de la simbiosis, en este caso de una alga verde y de una bacteria especializada respectivamente con las procariotas originales para generar las eucariotas. Será probablemente así a juzgar porque las mitocondrias conservan incluso su propio ADN, independiente del que contiene el núcleo celular.

Los virus que colaboraron con una procariota seguramente dieron origen a la estirpe de las eucariotas a la que pertenecemos plantas y animales entre otros, creando o iniciando el proceso mediante el que se formó, esta vez si, el nucleo celular, que con el tiempo se fue perfeccionando hasta adquirir sus complejas funciones. Siendo como es que los virus son el universo del ARN y que este tiene propiedades (auto)-catalíticas, como diría Stuart Kaufmann, hace pensar que a lo mejor le debemos a los virus algo más que sustos producidos por las epidemias.

Los virus no pueden reproducirse por si mismos. Necesitan hacerlo en el interior de las células. Sabemos que son capaces de modificar el comportamiento, o sea la funcionalidad, de bacterias y de otras células, cambiando su conducta, haciendo por ejemplo más peligroso el contagio por una bacteria determinada, cuando está infectada por un virus.

¿Y si los virus fueran en su origen un mensaje en una botella, lanzado por una célula (o escapándose sin querer durante el proceso de replicación o incluso a la muerte de una célula) que emplearía de este modo sus genes para modificar otras células? Un pedazo de información genética que se caracteriza por ser espontáneamente interpretado y replicado en otra célula. El suceso primero salió bien y desde entonces también se ha ido perfeccionando, teniendo, por así decirlo, vida propia y yéndose de las manos de su función original.

Sea como sea, la realidad no tiene porqué acomodarse a un sólo modelo. Lo más probable es que la vida emplee todos los medios a la vez en mayor o menor proporción. Es costumbre que los grandes pensadores de los fenómenos de la naturaleza, físicos, químicos, biólogos y otros, se pregunten sobre el origen de la vida y la interrelación y conducta de los seres vivos que existen. No sabemos cómo surgió la vida pero da la impresión que se han estado aprovechando distintas partes que se han ido configurando por separado y luego se han juntado para hacer algo más grande y más complejo. ¿Y si la simbiosis entre un virus y una célula fuera el inicio de ‘TODO’ lo que vemos en la biosfera, es decir, de los seres de nuestro orden de tamaño, aquellos que no necesitamos el microscopio para conocerlos? Maravilloso el micro universo, como maravilloso es el maxi universo. Y nosotros en medio.

Todo esto son elucubraciones mías, pero lo más importante es la labor de personas como Juan Fueyo y su esposa Candelaria Gómez-Manzano, haciendo trabajos para entender y controlar los virus y luego aprovechar para enseñarnos algo a los que no sabemos del tema. Mi agradecimiento a quienes se toman la Ciencia en serio y saben contarlo luego. Hay en Wikipedia una interesante entrada sobre el autor, neurólogo para más señas, que trabaja junto a su esposa para hacer que los virus puedan curar ciertas formas de cáncer cerebral, matando a las células cancerosas. Si. De la misma forma que se pueden domesticar perros, loros, bueyes y ovejas, también los virus pueden hacerse trabajar para ayudarnos.

Candelaria Gómez-Manzano y Juan Fueyo. Tomada de un artículo de LaVanguardia

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